¿Qué hago con mi ansiedad? (Parte 1)

¿Qué hago con mi ansiedad?

Cuando no sabemos qué hacer, cuando no podemos controlar la ansiedad que nos desborda o cuando somos incapaces de gestionarla correctamente nos hacemos esta pregunta… ¿Qué hago con mi ansiedad?

En primer lugar, debemos entender qué es la ansiedad, siendo este el primer paso para poder gestionarla correctamente, y para ello, un ejemplo que, personalmente, me gusta utilizar en terapia para mostrar la importancia de «conocer» es el siguiente: 

«Si vemos a una persona por la calle que no conocemos no sabemos bien cómo entablar una conversación, porque no tenemos ningún dato sobre ella, NO la CONOCEMOS. Sin embargo, si vemos a un amigo o conocido, rápidamente iniciaremos una conversación con él, porque le CONOCEMOS y tenemos datos que nos permiten gestionar esa relación»

Ocurre lo mismo con la ansiedad. Si no sabemos qué es, qué información nos da, o por qué aparece en nuestras vidas, es tan difícil gestionarla que hasta parece imposible… pero no lo es.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una combinación difusa de emociones, caracterizada por un afecto negativo y síntomas somáticos de tensión (palpitaciones, presión o dolor de estómago, sudoración, temblor, …) que aparecen, generalmente, cuando anticipamos un peligro futuro, aunque también pueden aparecer por algo que que está sucediendo o ya ha pasado.

La ansiedad no es algo que viene o va cuando le parece, sino que lo hace por algún motivo muy concreto, y por ello es una fuente muy importante de información en nuestra vida (al igual que las emociones o las sensaciones físicas), por eso es más importante, y nos será de más ayuda, atenderla que ignorarla.

Pero la ansiedad no es algo inflexible… Está compuesta por diferentes componentes que, en su conjunto, nos hacen evocarla o mantenerla, y por ende, percibirla. 

Componentes de la ansiedad

Cognitivo→ emociones, pensamientos, creencias, expectativas

Fisiológico o somático→ incremento en la actividad del sistema nervioso autónomo, lo que produce la respiración acelerada, taquicardia, sudoración, etc.

Motor o conductual→ comportamiento que llevamos a cabo; forma en que gestionamos las situaciones que nos generan ansiedad, o en su defecto,  escapamos de ellas o las evitamos

¿Cómo funciona la ansiedad?

Imagen 1

Todos los componentes de la ansiedad interactúan entre sí creando este fenómeno.

Si pensamos (cognición) «algo malo va a pasar», «no voy a ser capaz» o algo por el estilo, esto nos genera sensaciones físicas desagradables (falta de aire, sudoración, taquicardia o vista nublada, entre otras) y todo ello nos incita a llevar a cabo una determinada conducta: escapar de la situación (si ya estamos en ella) o a evitarla (si tenemos la oportunidad).

*Sin embargo, cualquiera de estos 3 componentes puede ser el desencadenante de la ansiedad, no siempre será la cognición (los pensamientos).

¿Qué pasa entonces? Que nuestro pensamiento seguirá siendo el mismo porque no hemos podido enfrentar la situación, y por lo tanto, cuando se presente otra situación similar, aparecerán esos síntomas físicos desagradables y pensamientos negativos, incitándonos a evitar o escapar de ello.

Así generamos un círculo vicioso como el de la Imagen 1.

Pero… ¿te has dado cuenta de algo? Generalmente, la ansiedad aparece por anticiparnos a lo que va a pasar, sin tener realmente la certeza de que ocurrirá esa consecuencia negativa a la que tanto tememos. Es entonces cuando decidimos evitar la situación o escapar de ella, ya que creemos que si nos enfrentamos, la ansiedad  irá aumentando y aumentando hasta que algo muy malo nos suceda.

Sin embargo, y mostrando mi total acuerdo con la ley de la gravedad, puedo afirmar que todo lo que sube, baja, y esta ilustración te ayudará a comprenderlo:

La ansiedad no aumenta incontroladamente, sino que, cuando llega a su pico más alto (sensación de que no podemos controlar lo que nos pasa), tiende a disminuir progresivamente hasta llegar de nuevo al nivel inicial.

En otras ocasiones, simplemente no sabemos por qué experimentamos ansiedad, y esto es porque no prestamos la suficiente atención a nuestra mente y nuestro ambiente.

Cuando no sabemos de dónde proviene la ansiedad nos centramos (erróneamente) con nuestros 5 sentidos únicamente en los síntomas físicos que experimentamos, lo que provoca que nosotros mismos mantengamos e incrementemos ese nivel de ansiedad tan molesto e incapacitante, ya que esto nos impide ser conscientes de lo que realmente nos genera este estado, y por lo tanto, nos impide gestionar nuestros pensamientos y sensaciones físicas correctamente.

¿Cómo podemos saber qué nos quiere decir la ansiedad?

Atendiéndola.

Cuando una persona nos habla pero no le estamos prestando atención, no recibimos correctamente la información que nos está transmitiendo, y eso es lo que pasa cuando la ansiedad nos «habla», pero no le prestamos la atención correcta.

Generalmente tendemos a centrarnos en los síntomas que nos crean malestar, que no nos dejan llevar a cabo nuestra vida… pero nos olvidamos de prestar atención a nuestra mente, a nuestras emociones y a lo que pasa a nuestro alrededor. Y ahí está la clave… pero… ¿cómo lo podemos hacer? Échale un vistazo a la Parte 2.

«La ansiedad con miedo y el miedo con ansiedad contribuyen a robarle al ser humano sus cualidades más esenciales. Una de ellas es la reflexión.»

Konrad Lorenz