Principales causas de obesidad y repercusiones cerebrales

La obesidad es una enfermedad compleja que se produce como consecuencia de un desequilibrio energético mantenido en el tiempo: se consumen más calorías de las que el organismo gasta. Sin embargo, este desequilibrio no depende únicamente de la voluntad individual, sino que está influido por múltiples factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.

Además de sus consecuencias físicas, la obesidad tiene un importante impacto sobre la salud mental. Aunque suele considerarse principalmente una condición médica relacionada con el peso corporal, también se asocia a dificultades emocionales, alteraciones de la autoestima y problemas de bienestar psicológico.

Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que:

  • Durante los últimos 40 años, los hábitos alimentarios en España se han alejado progresivamente del modelo de dieta saludable.
  • Actualmente, alrededor del 61 % de la energía consumida por la población española procede de alimentos ultraprocesados.
  • Aproximadamente el 71 % de los españoles presenta niveles insuficientes de actividad física o puede considerarse sedentario.

Estas cifras reflejan que tanto la alimentación como la actividad física se encuentran, en muchos casos, lejos de las recomendaciones de salud. Esta realidad tiene importantes repercusiones a nivel cerebral:

1. Alimentación y funcionamiento cerebral

Una alimentación inadecuada, especialmente rica en alimentos de elevada densidad energética y bajo valor nutricional, puede afectar al funcionamiento cerebral. Diversos estudios han relacionado estos patrones alimentarios con un peor rendimiento de las funciones ejecutivas, problemas de memoria y un mayor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer.

2. Sedentarismo y bienestar emocional

La actividad física favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y las endorfinas, sustancias implicadas en la regulación del estado de ánimo y la sensación de bienestar. Por ello, la falta de ejercicio puede contribuir a una disminución del bienestar psicológico y aumentar la vulnerabilidad frente a síntomas de ansiedad o depresión.

3. Estigma social y autoestima

La obesidad continúa siendo objeto de prejuicios y estigmatización social. Las personas con obesidad pueden enfrentarse a discriminación, críticas o juicios negativos relacionados con su imagen corporal, circunstancias que afectan directamente a la autoestima, la autoimagen y la salud psicológica.

Factores que favorecen el desarrollo de la obesidad

Aunque existen factores genéticos que predisponen a su aparición, actualmente los factores ambientales desempeñan un papel especialmente relevante. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica dos grandes causas responsables del aumento global de la obesidad: una alimentación poco saludable y el sedentarismo.

1. Consumo de alimentos de alta densidad energética

Históricamente, en España han existido determinadas creencias culturales asociadas al peso corporal, como la relación entre delgadez y enfermedad o entre sobrepeso y buena salud. Aunque estas ideas han ido cambiando con el paso de los años, todavía persisten algunas creencias que pueden favorecer la sobrealimentación, especialmente durante la infancia.

Por otra parte, en las últimas décadas también ha surgido una fuerte asociación entre delgadez, éxito social y atractivo físico, lo que ha contribuido al aumento de la preocupación por la imagen corporal y, en algunos casos, al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.

Entre los hábitos alimentarios relacionados con el aumento de peso destacan:

  • El consumo frecuente de comida rápida y bebidas azucaradas, asociado a un mayor Índice de Masa Corporal (IMC).
  • El aumento del tamaño de las raciones, que favorece una mayor ingesta calórica.
  • El elevado consumo de carnes procesadas y otros productos ultraprocesados, relacionado con una mayor ganancia de peso y acumulación de grasa abdominal.

2. Elevado nivel de sedentarismo

Podemos distinguir dos tipos de actividad física:

  • Actividad física programada: ejercicio realizado de forma estructurada, como acudir al gimnasio o practicar deporte.
  • Actividad física cotidiana: movimientos y esfuerzos que forman parte de las actividades diarias, como caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas.

La evidencia científica muestra que la actividad física cotidiana desempeña un papel fundamental en la prevención del aumento de peso. Sin embargo, los avances tecnológicos han reducido considerablemente este tipo de movimiento.

El uso generalizado del automóvil, los ascensores, los dispositivos electrónicos, los servicios a domicilio y otras comodidades han disminuido nuestro gasto energético diario. Como consecuencia, muchas personas permanecen más tiempo sentadas y realizan menos actividad física que generaciones anteriores.

Otros factores relacionados con la obesidad

En determinadas situaciones, la obesidad puede verse favorecida por enfermedades, tratamientos médicos o cambios fisiológicos específicos:

Enfermedades

Algunas patologías pueden contribuir al aumento de peso, entre ellas:

  • Síndrome de ovario poliquístico.
  • Hipotiroidismo.
  • Síndrome de Cushing.
  • Hipogonadismo.
  • Síndrome de Prader-Willi.
  • Síndrome de Cohen.
  • Trastornos de la conducta alimentaria, como la bulimia nerviosa.

Medicación

Algunos fármacos pueden favorecer el aumento de peso, especialmente determinados glucocorticoides, antidepresivos y tratamientos hormonales.

Pubertad y menstruación

La adolescencia es una etapa de intensos cambios físicos, hormonales y emocionales. Durante este periodo aumenta la vulnerabilidad a las preocupaciones relacionadas con el cuerpo y al desarrollo de trastornos alimentarios.

Embarazo

Durante el embarazo se producen importantes cambios hormonales y emocionales que pueden modificar el apetito y los hábitos alimentarios, favoreciendo un aumento de peso superior al recomendado.

Posparto y lactancia

Tras el nacimiento de un hijo pueden aparecer elevados niveles de estrés, ansiedad y alteraciones del sueño. Estas circunstancias pueden favorecer cambios en la alimentación y una reducción de la actividad física.

Abandono del tabaquismo

Dejar de fumar suele asociarse a una ganancia de peso moderada, generalmente entre 3 y 10 kg. Esto se debe, en parte, a la desaparición del efecto supresor del apetito de la nicotina y a la tendencia de algunas personas a utilizar la comida como estrategia para manejar la ansiedad durante el proceso de deshabituación.

Recuperación tras una intervención quirúrgica

Los periodos prolongados de reposo o reducción de la movilidad después de una cirugía pueden favorecer el aumento de peso en algunos pacientes.

Conclusión

La obesidad es una enfermedad multifactorial en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Comprender sus causas permite abordarla desde una perspectiva más amplia, evitando la culpabilización y favoreciendo estrategias eficaces de prevención y tratamiento centradas en la salud física y emocional.