Todos sabemos lo que es el bullying, y a nadie le gustaría verse en la tesitura de que su hijo lo sufra.
De acuerdo, pero, aunque existen muchos factores y variables a los que atender, y dado que la educación es el más importante en casi todos los aspectos de la vida, no lo va a ser menos cuando hablamos de bullying.
Y es que la educación es tan importante para incidir en el papel de agresor como para la víctima o los espectadores. Por ello, el principal objetivo de este artículo es resaltar algunos de los aspectos más importantes en la educación familiar para abordar cada uno de estos papeles.
En primer lugar, vamos a ver en qué consiste cada uno de los perfiles del bullying:
- Agresor: persona que realiza la acción dañina.
- Víctima: persona que sufre la acción dañina.
- Espectador: persona que es testigo de la situación, pero no hace nada por evitarla o disolverla. Incluso, en ocasiones, puede apoyar al agresor.
Sí…, llegados a este punto seguramente estás pensando que tú sí educas a tu hijo de acuerdo a los valores sociales, le has enseñado que no se debe pegar o insultar a los demás, etc. Pero esto, lamentablemente, no es suficiente, y vamos a ver por qué…
Educación para evitar o disolver el papel de AGRESOR
Como ya hemos comentado antes, el agresor es la persona que ejerce bullying sobre otra/s (insulta, pega, quita cosas, etc.).
Antes de continuar, me gustaría hacer una aclaración: el bullying no solo consta de palizas o insultos constantes muy graves, sino que también puede ser sutil, se puede experimentar en forma de rechazo (no querer ser amigo de la víctima e incitar al resto a que tampoco lo sean), miradas de desprecio y “cuchicheos” frente a la víctima para que se percate de que hablan sobre él o ella, y cualquier comportamiento que implique una continuidad temporal y un malestar físico y/o emocional para la víctima.
Lo más recomendable es llevar a cabo una educación preventiva, es decir, educar a nuestro hijo para EVITAR que agreda o maltrate a otros, y los aspectos más importantes son:
- Educar en emociones: un aspecto fundamental para la salud mental y la inteligencia emocional de toda persona.
- Educar en empatía: que aprenda a ponerse en el lugar del otro, a valorar si la conducta es adecuada y si puede dañar a la otra persona.
- Educar en valores: reiterar que todos los niños son personas iguales a él o ella, independientemente de su religión, color de piel, deporte favorito, cultura o cualquier otra diferencia, del tipo que sea, que pueda existir entre ellos. Los derechos y obligaciones son compartidos, todos los niños tienen los mismos.
- Entrenar la reflexión: ante cualquier suceso, positivo o negativo, tenemos una oportunidad para ayudar a nuestro hijo a reflexionar sobre lo sucedido, a sacar sus propias conclusiones. Para ello, le podemos hacer preguntas del tipo: “¿Y tú qué opinas de lo que ha pasado?” “¿Cómo crees que se ha sentido X?” “¿Por qué crees que Y ha hecho eso?” “¿Qué habrías hecho tú?”
- Evitar contenido digital o televisivo inadecuado: no permitirle ver películas, series, etc., donde se muestre la violencia como algo “positivo”, es decir, donde los propios actores o los espectadores aplaudan los actos violentos, y si este contenido se visualiza, sería adecuado mantener una conversación con tu hijo sobre ello.
- Modelado: el modelado es un tipo de aprendizaje donde la persona aprende de un modelo. En el caso de niños y adolescentes, los principales modelos son los padres. Es decir, si los padres realizan comentarios violentos, se ríen o incluso agreden a otra persona (compañero de trabajo, etc.) en presencia de sus hijos, estos niños serán más proclives a desarrollar también este tipo de conductas, pues es lo que están aprendiendo a través de su modelo.
- Atender a las señales: observar el comportamiento de los niños es una de las mejores fuentes de información. En el caso de observar una conducta inadecuada o sospechosa de poder convertirse en ella, es recomendable que los padres enseñen una conducta más adecuada para esa situación utilizando, por ejemplo, el modelado.
Si nuestro hijo ya se ha convertido en agresor, el papel de los padres se ha de centrar en DISOLVER esto, y para ello se puede llevar a cabo todo lo anterior acompañado de lo siguiente:
- Buscar ayuda: la ayuda psicológica es muy importante para eliminar la conducta inadecuada.
- Trabajar la disculpa y el arrepentimiento: sería un buen comienzo que el agresor pida perdón a la víctima.
- Cooperar con el centro educativo: es fundamental la colaboración del centro educativo, pues ahí es donde los estudiantes pasan gran parte del día y, seguramente, el agresor mantenga un contacto estrecho con la víctima (pueden compartir clase, etc.), favoreciendo la conducta inadecuada.
- Imponer castigos: los castigos son una herramienta muy utilizada para extinguir conductas inadecuadas en niños y/o adolescentes, y por castigo no nos referimos a la violencia física, sino que existen otro tipo de castigos mucho más efectivos.
«Se entiende por “castigo” al acto de dar algo insatisfactorio o negativo a la persona, o bien quitar o privarle de algo satisfactorio o positivo.«
Para finalizar esta primera parte, me gustaría resaltar la importancia de abordar un problema lo antes posible, evitando así que aumente su repercusión…
Si a ti, como madre o padre te llegan rumores, comienzas a tener sospechas o alguien te informa directamente de que tu hijo puede estar involucrado en un caso de bullying (ya sea en calidad de agresor, víctima o espectador), no ignores esta información, no lo dejes pasar e indaga en el asunto.
Es importante atender las señales, observar, y preguntar al hijo y a compañeros, padres o profesores, evitando ignorar la situación o escondernos en comentarios del tipo: “si lo hace será por algo”, “mi hijo no es capaz de hacer eso”, “seguro que se han metido con él antes”, etc., ya que eso puede llegar a potenciar tanto la situación como los efectos psicológicos que derivan de ella.